
EL JARDINERO.
Nuestro verdadero YO llega a esta vida adormecido y limpio, dispuesto a despertar poco a poco y a absorber todas las lecciones de aprendizaje que aquí le esperan.
Ha vaciado su equipaje de sabiduría y conocimientos y lo ha transformado en una pequeña semillita que almacena en el ADN del alma.
Llega en forma de recién nacido con la maleta vacía, dispuesto a volver a llenarla y seguir acumulando aun más sabiduría y conocimientos ya que ese es su verdadero alimento, su pasaporte hacia una constante evolución, porque esa es su misión, evolucionar para mantener la vida…la creación.
Cuando nuestro YO llega aquí, vacío y desnudo, se le entrega un cuerpo y su cuadro de mandos (el cerebro), así que se acurruca y se acomoda en su centro y desde ahí empieza a aprender.
Ese cuerpo va a ser el intermediario entre nuestro YO y el resto del mundo, y también va a ser nuestro mas inseparable y fiel profesor, ya que a través de él recibiremos muchas lecciones, muchas experiencias sobre el ser humano, y también si así lo deseamos, muchos placeres.
Es una maquina perfectamente adecuada a la suma de planes, temario y proyectos que nuestro YO ha venido a aprender y emprender. Es el más adecuado para el curso que tenemos que superar, es nuestro profesor particular especializado en las materias donde el YO personal de cada uno ha de perfeccionarse.
Es un regalo muy valioso que debemos mimar y cuidar, ya que nos responderá en proporción al amor, cuidados y respeto que reciba.
Y el primer paso más importante para cuidarlo, es aceptarlo.
Nuestro cuerpo será nuestro fiel compañero hasta el final del curso, no se separará jamás de nuestro lado, y mientras dure el “periodo lectivo” no nos permitirán cambiarlo por otro por mucho que nos quejemos. Porque sencillamente es que la primera lección que tenemos que aprobar es aprender a cuidarlo, mejorar lo que podamos y ha aceptar lo que no podamos cambiar.
¿Significa esto que no podamos aspirar a un cuerpo mejor? Evidentemente que no.
Cuando tenemos un hijo nuestra intención es cuidarlo, educarlo y potenciar todas sus virtudes. Enseñarle a que aprenda a quererse a pesar de los defectos, a que aprenda a convivir con ellos y a que no deje de mejorar a pesar de ellos.
Nuestro cuerpo funciona bajo los mismos principios y la misma práctica.
Aceptar no es resignarse… aceptar es reconocer, asumir, afrontar y resignarse es renunciar, retirarse, apartarse.
Debemos trabajar nuestro cuerpo y nuestro Ser desde la aceptación, desde la autoestima pero jamás desde la condena.
Este aprendizaje es básico, si no logramos avanzar en él, podemos dar el curso por perdido, ya que es la base de la gran asignatura del Amor. No podemos dar Amor si no lo sabemos generar en nosotros mismos, no podemos engendrar Amor si no sabemos crear, formar y cultivar nuestra autoestima.
Muchas personas anidan un sentimiento de egoísmo si deciden destinar un tiempo para cuidarse, creen que la entrega total al prójimo significa olvidarse de uno mismo.
Nada más lejos de la realidad.
Cuando decidimos cuidar de algo o de alguien es porque lo queremos, porque le damos un valor, y esto también es aplicable a nosotros mismos.
Una persona se olvida de si misma por voluntad propia, en realidad nadie nos exige esto, pero si transmitimos a los demás que nos hemos olvidado de nosotros así lo recibirán y así actuarán porque en realidad con esta actitud los estamos confundiendo.
Cuando una persona, en nombre de ese inventado “egoísmo” en el que no quiere caer, decide no dedicarse nada para si, en el fondo esta esperando un reconocimiento, una compensación, una correspondencia a ese gran “esfuerzo” que en realidad nadie le ha pedido.
Esta buscando ser reconocido por los demás y no por si mismo.
Cuando ese reconocimiento no llega, se crean frustraciones, vacío, desesperanza y en un intento de sobrevivir a esos sentimientos se generan estados de manipulación y victimismo, que solo acaba ahondando en una cada vez mas profunda inseguridad y mas vacío.
Dado todo esto la persona no puede sentirse feliz y se crea una entremezcla de todos estos sentimientos junto a rencores y culpabilidades externas.
No es posible entregar amor, optimismo y positividad en este estado...puesto que no se tiene y no se puede dar lo que no se posee.
Tienes un hermoso jardín que cuidar pero tu también formas parte de él, eres a su vez la flor y el jardinero, como jardinero has de tener la suficiente capacidad y energía para acumular agua y regar tus flores cada mañana, pero para acumular esa energía y ese agua, al igual que las plantas tu también has de estar dispuesto a recibir al sol, al rocío y a la lluvia que te llegue, porque de no ser así, te secarás, y si te secas no podrás regar.
Aprende a cuidar de ti para poder cuidar a los demás.
Nuestro verdadero YO llega a esta vida adormecido y limpio, dispuesto a despertar poco a poco y a absorber todas las lecciones de aprendizaje que aquí le esperan.
Ha vaciado su equipaje de sabiduría y conocimientos y lo ha transformado en una pequeña semillita que almacena en el ADN del alma.
Llega en forma de recién nacido con la maleta vacía, dispuesto a volver a llenarla y seguir acumulando aun más sabiduría y conocimientos ya que ese es su verdadero alimento, su pasaporte hacia una constante evolución, porque esa es su misión, evolucionar para mantener la vida…la creación.
Cuando nuestro YO llega aquí, vacío y desnudo, se le entrega un cuerpo y su cuadro de mandos (el cerebro), así que se acurruca y se acomoda en su centro y desde ahí empieza a aprender.
Ese cuerpo va a ser el intermediario entre nuestro YO y el resto del mundo, y también va a ser nuestro mas inseparable y fiel profesor, ya que a través de él recibiremos muchas lecciones, muchas experiencias sobre el ser humano, y también si así lo deseamos, muchos placeres.
Es una maquina perfectamente adecuada a la suma de planes, temario y proyectos que nuestro YO ha venido a aprender y emprender. Es el más adecuado para el curso que tenemos que superar, es nuestro profesor particular especializado en las materias donde el YO personal de cada uno ha de perfeccionarse.
Es un regalo muy valioso que debemos mimar y cuidar, ya que nos responderá en proporción al amor, cuidados y respeto que reciba.
Y el primer paso más importante para cuidarlo, es aceptarlo.
Nuestro cuerpo será nuestro fiel compañero hasta el final del curso, no se separará jamás de nuestro lado, y mientras dure el “periodo lectivo” no nos permitirán cambiarlo por otro por mucho que nos quejemos. Porque sencillamente es que la primera lección que tenemos que aprobar es aprender a cuidarlo, mejorar lo que podamos y ha aceptar lo que no podamos cambiar.
¿Significa esto que no podamos aspirar a un cuerpo mejor? Evidentemente que no.
Cuando tenemos un hijo nuestra intención es cuidarlo, educarlo y potenciar todas sus virtudes. Enseñarle a que aprenda a quererse a pesar de los defectos, a que aprenda a convivir con ellos y a que no deje de mejorar a pesar de ellos.
Nuestro cuerpo funciona bajo los mismos principios y la misma práctica.
Aceptar no es resignarse… aceptar es reconocer, asumir, afrontar y resignarse es renunciar, retirarse, apartarse.
Debemos trabajar nuestro cuerpo y nuestro Ser desde la aceptación, desde la autoestima pero jamás desde la condena.
Este aprendizaje es básico, si no logramos avanzar en él, podemos dar el curso por perdido, ya que es la base de la gran asignatura del Amor. No podemos dar Amor si no lo sabemos generar en nosotros mismos, no podemos engendrar Amor si no sabemos crear, formar y cultivar nuestra autoestima.
Muchas personas anidan un sentimiento de egoísmo si deciden destinar un tiempo para cuidarse, creen que la entrega total al prójimo significa olvidarse de uno mismo.
Nada más lejos de la realidad.
Cuando decidimos cuidar de algo o de alguien es porque lo queremos, porque le damos un valor, y esto también es aplicable a nosotros mismos.
Una persona se olvida de si misma por voluntad propia, en realidad nadie nos exige esto, pero si transmitimos a los demás que nos hemos olvidado de nosotros así lo recibirán y así actuarán porque en realidad con esta actitud los estamos confundiendo.
Cuando una persona, en nombre de ese inventado “egoísmo” en el que no quiere caer, decide no dedicarse nada para si, en el fondo esta esperando un reconocimiento, una compensación, una correspondencia a ese gran “esfuerzo” que en realidad nadie le ha pedido.
Esta buscando ser reconocido por los demás y no por si mismo.
Cuando ese reconocimiento no llega, se crean frustraciones, vacío, desesperanza y en un intento de sobrevivir a esos sentimientos se generan estados de manipulación y victimismo, que solo acaba ahondando en una cada vez mas profunda inseguridad y mas vacío.
Dado todo esto la persona no puede sentirse feliz y se crea una entremezcla de todos estos sentimientos junto a rencores y culpabilidades externas.
No es posible entregar amor, optimismo y positividad en este estado...puesto que no se tiene y no se puede dar lo que no se posee.
Tienes un hermoso jardín que cuidar pero tu también formas parte de él, eres a su vez la flor y el jardinero, como jardinero has de tener la suficiente capacidad y energía para acumular agua y regar tus flores cada mañana, pero para acumular esa energía y ese agua, al igual que las plantas tu también has de estar dispuesto a recibir al sol, al rocío y a la lluvia que te llegue, porque de no ser así, te secarás, y si te secas no podrás regar.
Aprende a cuidar de ti para poder cuidar a los demás.
Montse Bocanegra Romero.
Global Personal Trainer.

